Los 15 Peores Trabajos de la Historia… Vagos Abstenerse

Trabajamos muchas horas del día y eso nos da los medios para subsistir y tener nuestras necesidades satisfechas. Algunos privilegiados, siguen el llamado de su vocación y son capaces de trabajar en actividades que les llenan el corazón. Saben que nacieron para ser médicos, pintores, magos o maestros.

Por eso disfrutan de realizar sus trabajos. Pero hay gente que no tiene esa suerte y debe realizar actividades menos agradables. Aquí vamos a conocer cuáles son los peores trabajos de la historia. Uno de ellos se desarrolló mucho en la India, el punkawala.

Se trata de hombres que tenían como tarea mover manualmente los enormes ventiladores que trataban de mantener una temperatura agradable en las habitaciones de las personas de mayor dinero en el país. India es un país muy cálido, estos hombres trabajan incansablemente y recibían una remuneración mínima. Este trabajo estaba muy cerca de la esclavitud y no era demasiado valorado por los demás. Eso sí, no tenían demasiado riesgo a la hora de cumplirlos.

Los despertadores humanos existían cuando no había despertadores, o la tecnología no nos permitía tener nuestro despertador en el teléfono celular. Los despertadores humanos tenían que ir hasta la casa de quien los había contratado, y golpear la ventana con un palo. Y tenían que quedarse ahí, parados, golpeando  hasta que los despedían, no sin antes darles un poco de dinero. Nadie se despierta de buen humor, así que los despertadores humanos tenían que soportar mucho maltrato.

El empujador de tren es una terrible profesión que se da, como no podía ser de otra manera, en Japón. El metro de Tokio es uno de los más concurridos del mundo. Los empujadores están en la estación y ayudan a los pasajeros acomodarse dentro del vagón, hasta que este se parece a una lata de sardinas. La gente los detesta porque los obligan a viajar en condiciones que son casi inhumanas.

Un oficial de la Iglesia Católica tenía que hacer una tarea sumamente desagradable, y que hoy sería terriblemente criticada, azotador de perros. Si los perros hacían ruido o distraían a la gente en las ceremonias de la iglesia, el azotador los ponía en su lugar. Era un trabajo bien remunerado, pues quienes lo desarrollaban afirmaban que era muy fastidioso. A nadie le gusta hacer mal y sabemos que así como los perros manifiestan elocuentemente su amor, los ladridos de dolor se escuchaban desde bien lejos.